Este casco de tamaño natural, impresionantemente detallado, y hecho en hierro producía protección en el cuello, así como en la cabeza y cara, y se fabricó para los ejércitos reales de Europa del siglo 1.500. La visera frontal completamente articulada, asegura protección en la cara, a la vez que visibilidad, era muy demandada ésta funcionalidad, para los caballeros de la época que tenían que luchar en diferentes condiciones en el campo de batalla. ¡Es completamente utilizable !.
Yelmo Medieval
Elemento de la armadura que protege la cabeza y el rostro del guerrero. Según La Ilíada , los yelmos eran de bronce y solían adornarse con crines de caballo, también, como es el caso de Ayax cubierto por colmillos de jabalí. Posteriormente apareció el yelmo tipo coríntio (el más usado en las filmografía para representar a los guerreros griegos) con grandes carrilleras y protección nasal; todo fundido en una sola pieza (toda una proeza metalúrgica, según Fernando Quesada Sanz en su sección Armas de La aventura de la Historia ). Por su parte el yelmo de las falanges macedónicas no tenía protección nasal, si carrilleras y una trotuberacia hacia el frente (una buena reconstrucción de esta pieza se puede ver en la película Alejandro Magno de Oliver Stone ).
Del yelmo corintio evolucionó después a los distintos tipos de cascos de las legiones romanas ; con grandes carrilleras y sin protección facial; pero de mucha peor factura, al ser producidos en grandes cantidades y pagados por el estado, no por sus portadores como en el caso griego.
El yelmo de la caballería medieval era en principio un casco de caballería romana al que se le fue añadiendo la protección nasal. No fue hasta pasado el siglo XII cuando aparecieron las primeras celadas , no tanto para proteger el rostro de golpes de espada (bastante ineficaz como ha demostrado la arqueología ) como para evitar astillas, golpes de mangual y aumentar la ferocidad ante los oponentes (como sigue comentando Quesada Sanz a esto último). Así este casco de caballería va aumentando de tamaño hasta convertirse en la Baja Edad Media en un gran y pesado cubo metálico apoyado sobre pecho y espalda.
Con la llegada de la pólvora un casco con protección facial deja de tener sentido al no tener que proteger a su portador de astillas procedentes de lanzas rotas ni golpes, armas ya en desuso; pero siguieron fabricándose algunos para torneos entre nobles (como deporte no ya como entrenamiento para el combate).
Algo parecido a yelmos siguen utilizando las unidades de intervención policiales, para protegerse de objetos arrojados en los disturbios, y el personal contra incendios para resguardar el rostro de fuentes de calor. Igualmente podemos encontrar algunas analogías a las antiguas celadas en las viseras abatibles de los cascos para deportes de motor; pero ambos casos no se los puede considerar yelmos y celadas sino parecidos actuales con aquellas.
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