Para el "Shogun" y el "Daimyo", las espadas y otras armas, tenían un importante
significado, el cual representaba su categoría, entre éstas, las espadas
fueron consideradas como el alma del Samurai, y fueron usadas en público
sujetas al "Sash", decorando su residencia y fueron la más apreciada posesión
del Samurai. Aún durante tiempo de leyasu, una vez que las armas de fuego
empezaron a fabricarse en cantidad desde la última mitad del siglo XVI,
las espadas habían dejado de ser las más importantes armas de la guerra.
Sin embargo, las espadas continuaron para ser usadas como objeto de ceremonia
de primera importancia, y aún después de alcanzar la paz, las espadas
mantuvieron su significado como regalos importantes intercambiados entre
el "Shogun" y el "Daimvo". El "Tachi" fue el más apreciado entre las espadas,
seguido por la "Katana' y el "Wakizashi". Las hojas de las espadas fueron
montadas con empuñaduras apropiadas: decorativas empuñaduras "Tachi" para
la ocasión de las ceremonias de la corte, y más empuñaduras militares
para la "Katana" y el "Wakizashi", cuyos accesorios reflejaban un alto
nivel de acoplamiento técnico en las artesanías como los trabajos de los
metales y el lacado. Empuñaduras de relevante calidad fueron también ofrecidas
como regalos oficiales para acompañar a. famosas hojas. Los altos escalones
de la categoría del guerrero como el "Shogun" y el "Daimyo" destacaron
coleccionando espadas de gran calidad artística de las épocas "Heian"
y "Kamdkura". No solamente atesoraron las solas hojas, sino también ordenaron
empuñaduras de espadas durante el periodo "EDO", fomentó el desarrollo
en la artesanía del metal, incluyendo una cualificada línea de grabados,
incrustaciones y otras elaboraciones técnicas, con las cuales decorar
la superficie de la monturas de las espadas.
El SAMURAI
Uno de los elementos más representantivos
de la cultura japonesa. A la izquierda del soldado se puede ver
la empuñadura de la katana.
KATANA
Combinación única de diseños
tradicionales con materiales modernos. Hojas de acero inoxidable
440. Vainas lacadas con atractivas combinaciones de colores. El
samurai portaba sobre la cintura, en el lado izquierdo, sus dos
armas de combate: la katana, más larga, destinada al combate
en el exterior y el wakizashi, más corto, destinado al combate
a corta distancia. Su posición era casi horizontal y con
el filo hacia arriba. Esto le permitía pasar al ataque nada
mas desenfundar. Otra de las armas del samurai era el tanto, cuchillo
que servía para proteger su honor. El conjunto de las dos
espadas reglamentarias recibía el nombre de DAISHO.
En el Museo del Arma Blanca, ofrecemos
a nuestros clientes unas muestras de las katanas más representantivas
de todos los tiempos, con una calidad inigualable, del mejor de los aceros
de nuestra ciudad, que debido a su calidad hace que exportemos a todo
el mundo. La mayoría de katanas hechas en el exterior llevan un
acero de la famosa ciudad de Toledo (España).
El filo de las katanas no es tan
excepcional como se vé en las peliculas de Hollywood, pero si es
suficiente para cortar a un hombre en dos pedazos.
EL ALMA DE LA KATANA
Colgada del cinto de los guerreros armados, las
espadas samuráis definían la esencia de los hombres que
tan orgullosamente las llevaban. A partir de simples vara de acero los
Kaji, maestros armeros del antiguo Japón,
Y creaban soberbias espadas, que eran también emblemas de valor,
autoridad fuerza. Tanto si eran una larga y curvada katana, una hoja tachi,
o una corta daga, esas espadas japonesas se convirtieron en la leyenda
en el "alma viviente del samurai".
El mortal borde de la katana, colgaba siempre con el filo hacia arriba
del cinturón del guerrero. Un arma tan espléndidamente forjada
requería doblar repetidamente el metal caliente, lo que daba como
resultado más de cuatro millones de capas de acero.
Desde el siglo XII, cuando los samuráis
estaban al servicio de los señores de los clanes, no existía
en Japón tesoro más grande que esas espléndidamente
forjadas espadas. Ninguna acumulación de plata u oro, ninguna parcela
de tierra, podía compararse en valor con esas hojas. Las espadas
de maestros como Go Yoshihiro, Masamune y Yoshimitsu, se hallan entre
las más espléndidas jamás elaboradas.
En forjas situadas en el centro de Japón -una región en
minas de hierro-, los armeros refinaron el arte que en el siglo XII el
emperador Go Tiba decretó digno de príncipes. El kaji y
sus ayudantes empezaban su trabajo con una limpieza ritual de cuerpo y
mente. Vestían de blanco, se adherían a dietas estrictas,
y prescindían de los placeres mundanos que podían distraerles
de sus letales obras maestras. Tras colgar tiras de papel de arroz por
toda la forja para ahuyentar los malos espíritus, los fabricantes
de espadas iniciaban lo que podían ser dos años de trabajo
agotador trabajo para una sola espada.
Tras colocar barras de metal en crudo en un horno de carbón -un
artesano aconsejaba calentar el hierro hasta que se vuelve "del color
de la luna a punto de ponerse en su viaje en una noche de junio o julio"-,
el herrero extraía martillando, las impurezas del hierro. Luego
golpeaba la barra hasta dejarla plana y la doblaba y la martillaba de
nuevo de nuevo, sumergiendo el resplandeciente metal en agua entre los
fieros golpes. Empezando con diez kilos de metal, un herrero producía
una hoja de un solo kilo a kilo y medio, extrayendo del hierro varios
millones de finas capas de acero. El kaji prestaba mucha atención
al filo de la espada y el hamon, o textura, la línea ondulada desde
el tang (extremo de la empuñadura) a la punta. Las variaciones
en el hamon realzaban la belleza y la fuerza de la espada. Tras conseguir
el grado adecuado de dureza, flexibilidad y filo -así como una
hermosa textura-, el herrero daba a la hora un baño final y luego
a menuda grababa su firma en ella.
Tras proporcionar a la pulida hoja una tsuba, o
guarda, así como una empuñadura, una vaina y otros accesorios,
el herrero presentaba su creación al samurai, que podía
darle un nombre, como si la espada tuviera vida propia.