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| MATERIALES, TEMPLES Y ACEROS |
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(Fuente : Artesanos
de Toledo)
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En época de Domiciano se había instalado en Damasco un gran número de importantes espaderos que coadyuvaron a hacer de la capital de Siria un centro comercial muy importante. La importancia de Damasco había hecho que fuese llevado allí un procedimiento de obtención de acero, duro y no quebradizo, que había tenido su origen en la India Septentrional y que en Damasco alcanzó una gran importancia, hasta el punto de tomar el nombre de esa ciudad, como otras técnicas de metales o de tejidos, llegándose a conocer el acero tratado de aquella forma como "acero damasquino" o "acero adamascado". |
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Nunca les faltó a los espaderos toledanos relaciones con los de Damasco. Llegaron, por lo tanto, a tener noticias del acero y las espadas que allí se hacían. Y en aquellos momentos de necesidad de mejorar la calidad de sus espadas, debieron de investigar las composiciones del acero damasquino, el cual, además de la belleza de sus superficies veteadas formadas por preciosas irisaciones en las que entraba toda la gama de grises, poseía la facultad de ser fuerte y no quebrar ni doblar. Se preocuparían por averiguar aquel secreto celosísimamente guardado por los orientales y, después de estudiado minuciosamente, serviría de punto de partida para forjar la hoja toledana con "alma de hierro". Para ello, comenzarían investigando el secreto de Damasco, y tras observar que el adorno veteado superficial que presentaban las hojas de espadas no era producto de los ácidos, como en un principio se pensó, se llegaría a la conclusión de que aquel adorno característico de las hojas damasquinas era precisamente la base de su calidad, ya que todo se debía a la mezcla durante la forja de materiales de diferente carbonado, generalmente el hierro y el acero. Lo que importaba a nuestros forjadores no era su aspecto exterior, sino la calidad de su dureza y flexibilidad; y esto sólo se conseguía mediante la unión por la forja del hierro y el acero. Esta unión se hacía en Damasco por diversos procedimientos, uniendo, siempre por el proceso de soldadura llamado "a la calda", trozos o partículas de hierro y acero, siendo el camino más común el de enroscar diversas varillas de acero y hierro, y forjar el manojo que ellas formaban uniéndolas en una sola pieza hasta conseguir una barra sólida, de la que forjarían después la hoja. El alma de hierro consistía en que en el interior de una espada de acero duro hubiera una lámina de hierro dulce que impidiera que la hoja quebrara por mucho que ésta golpease o doblase. En ese caso, tanto el hierro como el acero poseen a una temperatura determinada un alto grado de soldabilidad, siendo el punto propicio para ejecutar las uniones llamadas de alma de hierro. Recordemos cómo se le han atribuido al río Tajo propiedades casi milagrosas para dar calidad a las espadas toledanas. Se ha hablado mucho de la magnificencia de sus aguas para templar; cosa que aún no se ha llegado a comprobar. Pero se ha hablado poco de sus arenas; y es en estas arenas del Tajo donde se piensa estaba la clave de la calidad... De esta forma se forjaban y templaban en Toledo las espadas mejores del mundo durante los siglos XVI y XVII. Estas espadas toledanas fueron exportadas a todas partes. Pero lo que mayor interés despertaba en aquel mercado internacional de caballeros de capa y espada, era una buena hoja toledana que llevara bien visible su marca. Por esta razón fue grande el número de espaderos europeos que adquirían las hojas de Toledo para adaptarlas a sus guarniciones, o que enviaban aquí sus cazoletas y gavilanes para que fueran montadas con hojas toledanas. En Toledo eran muchos los espaderos que tenían punzón con el que marcaban su producción respondiendo con ello de la calidad de su obra; y muchas veces, además de punzonar con su marca, grababan su nombre en las hojas prestigiando con ello a la espada y a su poseedor. Esta costumbre de marcar las espadas venía de muy antiguo, pero quedó reforzada y obligada por mandato real, después de que en Diciembre de 1567 expresara el rey su preocupación por las espadas que venían del extranjero con falsas marcas de afamados espaderos toledanos. Dicho mandato real decía "que no consientan ni den lugar a que se metan espadas algunas en nuestros reinos de fuera de ellos y que las hechas en Toledo traigan la marca y señal del maestro que las hubiere hecho y fabricado y del lugar donde son hechas, y el que lo contradijese sea tenido por falsario y pierdan las dichas espadas". Considerando la espada como uno de los objetos que, creados por el hombre en la Prehistoria, le han venido acompañando a través de los tiempos ajustando sus formas y decoraciones al uso y gusto de cada época, pasemos una mirada por su historia, poniendo una especial atención a su elaboración en Toledo, por ser la ciudad espadera por excelencia reconocida como tal en el mundo entero. El nombre de Toledo ha estado siempre asociado a la espadería. Ya el poeta romano Gracio Falisco hacía alabanzas de los cuchillos toledanos, "Cultrumm Toledanum", que los cazadores llevaban al cinto. Y toledanas eran sin duda las espadas a que se refería Polibio cuando decía que "los romanos desde los tiempos de Aníbal abandonaron las espadas de sus antepasados cambiándolas por las de los Hispanos". El hombre había utilizado desde tiempos remotos el hueso como arma. No sabemos con exactitud en qué momento de su paulatina mutación psíquica deja el hueso y es capaz de acudir a la piedra para su uso bélico, sin embargo, lo que podemos considerar la definitiva espada no se va a hacer esperar. Pronto descubrirá el hombre los metales. El cobre, que al principio se trabajaba en su estado primitivo, resultaba blando para la pelea. Las investigaciones realizadas por aquellos antiguos metalistas para endurecerlo darían enseguida un óptimo fruto: mezclando cobre y estaño obtendrían como resultado el Bronce, aleación dura y fácil de trabajar por moldeo, de la que surgirían, como precursoras de la espada, las puntas de flechas y puñales. El apasionante mundo de la fundición ha empezado a caminar. El hombre ha comenzado a idear moldes con los que obtener reproducciones de los objetos que crea. La técnica de la fundición fue avanzando a medida que el ingenio del fundidor ideaba nuevos procedimientos para fundir objetos nuevos. Así les llegó el turno a las armas, y consecuentemente también a la espada. Llegado este momento, el fundidor dispone ya de moldes de piedra que el mismo talla valiéndose de cinceles de otras piedras más duras, o de escoplos de bronce fundidos anteriormente en arena. Disponiendo ya le fundidor de moldes de piedra bivalbos y crisoles de barro cocido, nace la ESPADA DE BRONCE en su estado primitivo, pensada por le hombre como arma no arrojadiza para pelear a muy corta distancia: cuerpo a cuerpo. Estas nuevas armas, son más bien cortas, pero más tarde, animados ya por el dominio de la materia, se atrevieron los fundidores a aumentar la longitud de las hojas ya que el espadero pretendía prolongando la hoja distanciar al adversario. El hombre va manejando el oficio e irá descubriendo, por medio de su trabajo, tanto las mezclas ideales para la dureza, como los rebatidos en frío necesarios a los filos. La fundición en bronce de la espada entera no se realizará hasta pasados unos siglos. En sus comienzos la hoja y la empuñadura se fundían por separado para unirlas después por remachado o claveteado. Casi al tiempo del claveteado empieza a parecer el cincelado, como ya hemos dicho; pues el artesano, animado seguramente por los adornos que le sugieren los remaches de la empuñadura, no se resiste a la tentación de completar su decoración y aumenta los adornos de los clavos retocando a cincel sus márgenes. Entretanto el hombre ha encontrado
el hierro. Y comienzan los períodos conocidos como primera Edad del Hierro
y segunda Edad del Hierro. Tras el conocimiento de esta materia en la
Península Española vendría su descubrimiento en el suelo. Y nunca mejor
dicho, pues al principio no era necesario extraer este mineral en estado
nativo de las entrañas de la tierra; bastaba con buscar en determinados
lugares casi en la superficie para encontrarlo.
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